SI, PERO MEJOR NO
Muchos hombres separados suelen contar sus historias de amoríos cuando conocen alguien fuera de su círculo social, quizás porque a los íntimos ya los aburrió, quizás porque son historias poco creíbles o exageradas. Algunos, hasta escriben un libro que otro sobre el arte de la seducción después de su ex. Es notable observar que todos cuentan sólo un lado del asunto, el suyo, como si la otra parte no tuviese consciencia propia. Cuando me cuentan sobre ese tema, generalmente interpelo sobre la otra campana y me responden que no tienen idea de qué sucede del otro lado, el lado femenino. No tienen en cuenta que las mujeres también lo hacen, claro, desde su propio punto de vista. Para un hombre toda mujer es llamada de “la mina”, para toda mujer el hombre es llamado de “el tipo”. Y así evitan recordar los nombres, porque aún luchan por resolver esos amores tan líquidos como el agua que no has de beber, y que la dejaron correr.
El caso de Dalmasio me llamó la atención. El sujeto es licenciado en marketing y como amigo suele desaparecer unos seis meses o más y reaparece poniendo “me gusta” en mi face. Esa es la manera que me entero que está libre para salir a tomar un café o una cerveza, dependiendo de la época del año. Siempre me cuenta alguna historia sobre sus incursiones de su profesión. La última vez decidió contarme algo más personal. -No sabés lo que me pasó el año pasado, me dice habitualmente. Esta vez arrancó diferente. Después de un largo silencio, mientras entraban al bar dos mujeres entre treinta y cuarenta años, muy bien llevados, los dos nos dimos vuelta para verlas, ellas nos sostuvieron la mirada, observé que Dalmasio y yo teníamos el mismo gesto ante esa circunstancia, levantamos las dos cejas y sonreímos tímidamente.
Te cuento, me dice. La vez pasada, no sé hace cuánto, un colega y yo teníamos que poner en marcha un proyecto para la “…”, que es un grupo internacional. Ahá, le digo, ¿la de capital o del interior?, del interior, me aclara. ¿Qué pasó?, le digo. Nada, me dice, vos sabés que íbamos a trabajar a la planta y allí nos había recibido una mina de Recursos Humanos, muy bonita la chica, unos ojos claro, así, delgadita, de unos treinta y pico y soltera. Con novio, seguro, intervengo. Pará, me dice, escuchá. No me quedó otra que prestar atención.
La mina nos hizo los pases para que trabajemos en planta, todos los papeles del seguro y nos veíamos siempre a la entrada o a la salida. Siempre almorzábamos en el centro, así que salíamos a la ruta y nos íbamos en cole hasta el centro, nos reconocían los viáticos si queríamos ir en remis. O sea, una atención espectacular, hasta pensé que ella me tiraba onda. Mientras mi colega trabajaba con subgerentes de producción o de área, yo lidiaba con los gerentes, porque siempre había algún pero para liberar recursos para la campaña.
Bueno, un día, uno de ellos, (es de esos tipos que creen que se llevan el mundo por delante, contador, siempre de traje, alto, medio grosero con las empleadas y siempre que pasaba frente a la chica de Recursos humanos, ella bajaba la mirada y el tipo sonreía), el tipo se ofreció a llevarme hasta el centro en su auto. Qué sé yo, me incomodaba el tipo. Allá fuimos, en el camino me interrogó sobre mi vida. Cuando le dije que era divorciado, fue como si le hubiese dado un dulce. Comenzó a despotricar contra las mujeres. Vos me entendés, me decía. Me contó que su mujer, su ex, se puso rara un día, así nomás, de un día para el otro. Que comenzó a salir con las amigas, que quería ir a clases de tango… ¡de tango! Se puso contestadora, me hacía la contra en todo. Ya no pasaba un día sin discutir en mi casa, no la frenaba nadie. Mi hijo mayor, cuando venía a comer a casa, se levantaba y se iba para no escucharnos discutir. Bien hijadeputa se puso. Hasta que un día le dije que antes que le arranque la cabeza a trompadas, nos separamos. Más fría que un témpano, me dijo que trajera los papeles y no me habló más. Lo hicimos de común acuerdo y rápido, para que costara menos. Primero quería el departamento, yo me quedaba en la casa. Después que no, que ella también trabajó y puso mucho en la casa, que quería quedarse ahí. El abogado me aconsejó que se la dejara y que me quedara con el departamento. Así lo hicimos, y le puse una condición, que no me lleve ningún macho a mi casa porque se la voy a quemar. Ella me conoce y que hablo en serio, cuántas veces casi fuimos a las manos y mi hijo me decía, viejo, pará que vas a ir preso. No voy a tirar todo a la basura por una mina que… Bueno, esa es mi historia. Le pregunté si no rehízo su vida, si tiene ya a alguien más. Me dice que sí, pero que no cuentan, sólo “piques”. Ya tenía que bajarme, el estómago me llamaba al almuerzo. Otro día charlamos, me dice. No hubo otro día, era justamente el gerente más duro de la empresa. Nos cruzamos cuando debí cobrarle los honorarios del mes.
La chica de Recursos Humanos llegaba en un auto de alta gama mientras yo intentaba pasar por control de salida. Me dijo si quería que me alcanzaran al centro, que su hermana me podía llevar. Acepté, en el auto ya, nos presentamos y tuvimos onda al instante, era sólo risas durante el camino. Me dejó en el mismo restaurante de siempre, quedamos de tomar un café juntos, y la hermana, la de Recursos humanos me decía cuñado en broma. La cosa se fue dando sin complicaciones. Un día me invita a cenar a su casa. Aparecí con un vino. Clásico, me dice. ¿El vino?, le pregunto. No, me dice, que los hombres traigan un vino, y reímos espontáneamente. La mujer, ¿cómo decirlo?, sabía lo que hacía, sexualmente lo digo, me dejé fluir, no podía creer que nos lleváramos tan bien en eso, “apasionado y loco” dice la canción. ¿Qué clase de tipo dejaría una mina como esta? Lo único que me incomodó fue cuando se puso a hablar de su ex. Traté de superar el momento escuchándola atentamente. Es poco frecuente que una mujer abra su corazón ante un casi desconocido. Me contó que el “tipo” era un manipulador, que era violento, violento verbal, que lo aguantó bastante, los chicos ya eran grandes cuando se decidió a salir con las amigas, las que le abrieron los ojos, que comenzó a tomar clases de tango… ¿Tango?, pensé, comencé a sospechar… ¿será posible? Continuó diciéndome que se le “cruzó” un “tipo” que le movió el piso, se enamoró como una adolescente, así, amor platónico. Fui muy cobarde y no pude decirle a mi ex que ya no lo amaba. Todo se me vino abajo. Me daba asco que mi marido, mi ex, me tocara. Me sentía infiel en mi corazón, amaba a otro hombre. ¿Qué te enamoró de tu “tipo”?, pregunté. Su amabilidad, sus atenciones, la manera de tocarme, tantas cosas. Me contó que el “tipo” era su pareja de tango y que le resultó gay. Luego de esa desilusión, buscó siempre un “hombre” como yo. Eso me halagó, pero ¿cuántos fueron sus “hombres”… o “tipos”? Me animé a preguntar, tu ex, ¿es contador?, si, me dice. ¿Trabaja en la empresa?, si… ¿cómo sabés?, me dijo. Simple deducción, respondí. Charlamos mucho, y se me aclararon muchas cosas sobre el mundo femenino. No puedo juzgarla, tiene derecho a ser feliz la “mina”. Quedamos en encontrarnos una próxima vez, ahora me toca a mí prepararte una cena íntima, propuse. Ella me dijo que podía usar su cocina, yo pensé en el ex marido, y sentí un escalofrío. Sí, pero mejor no, que sea en mi casa.
Ella nunca concretó el día ni la hora, es más, no volví a verla. Desapareció de los lugares que frecuentábamos. No respondió jamás a mis mensajes en el whatsapp. Una pena, hasta ahora pienso en ella y me siento caminar por una cornisa. Como ya no trabajo para esa empresa, dejé de ver también a su hermana. Seguramente…
No sé qué iba a decir, pero lo interrumpí, ella ya te sacó de su vida, dejala ir, la querías libre, es libre, ¿no? Cierto, me dijo Dalmasio, luego hizo una seña al mozo, y cuando se acercó le dice, quiero pagar la consumición de las chicas que están en aquella mesa, ¿se puede? Cómo no, respondió amablemente el mozo. Hubo miradas y sonrisas el resto de la cerveza. Nos presentamos a la salida. Una nueva historia va a comenzar, estoy seguro.
EDGARD BOITEUX

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