PERCIBIRTE



El timbre de tu voz
palpita en mi piel desnuda
como una hoja arrugada.

No hay manera
de separar tu perfume
del latido de mi corazón.

En un momento efímero
siento deslizar mis dedos
en el ramillete de tu pelo.

Mis brazos son la hiedra
que se trepa a tu espiga
de suspiros apasionados.

Acaricio tus labios
como el sol a los techos
de un antiguo vecindario.

Tengo tanta sed de ti,
de beberte sorbo a sorbo,
como una tierra sin agua.

Se puebla mi sangre
con millones de saetas
de placer inesperado.

Tu voz, amada mía
inunda suave mi cuerpo
como un río desbordado.

Y amándote así
desato la tormenta
de eléctricas caricias.

Muerdo tus susurros
en la cima de mis ondas
para gemir en tu espalda.

Un “te amo” suelta las amarras,
y nos vamos con las velas
ahuecadas por la calma.



Edgardo Boiteux

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