DIME QUE NO
DIME QUE NO (Historia de un chamuyo) Los encuentros de escritores convocan a los virtuosos del arte de escribir y termina por ser una pasarela para el desfile de los siete pecados capitales en un solo lugar. Si la ociosidad es la madre de todos los vicios, el oficio de escribir sería el padre, porque “escribir es un ocio laborioso” nos apunta Goethe. Leer y escribir son aptitudes adquiridas desde que aprendemos a decir mamá, pero es el asombro de una buena historia la que nos impulsa a querer contarla. De la belleza de las palabras que aprendemos a pronunciar a la trama de sentido que les otorgamos, encontramos placer en esa actividad de escucha y de lectura, encontramos dolor en el sacrificio de concatenar las ideas para un buen texto en la escuela, encontramos frustración de no alcanzar el objeto del deseo cuando nos dicen que no hemos nacido con el don de la palabra. Mi primer pecado fue robar palabras a Neruda, a Borges. Robamos porque somos ansiosos, porque deseamos que...